jueves 5 de noviembre de 2009

AL HOMBRE de VICENTE ALEIXANDRE

AL HOMBRE

¿Por qué protestas, hijo de la luz,
humano que transitorio en la tierra,
redimes por un instante tu materia sin vida?
¿De dónde vienes, mortal, que del barro has llegado
para un momento brillar y regresar después a tu apagada
patria?
Si un soplo, arcilla finita, erige tu vacilante forma y
calidad de dios tomas en préstamo,
no, no desafíes cara a cara a ese sol poderoso que fulge
y compasivo te presta cabellera de fuego.
Por un soplo celeste redimido un instante,
alzas tu incandescencia temporal a los seres.
Hete aquí luminoso, juvenil, perennal a los aires.
Tu planta pisa el barro de que ya eres distinto.
¡Oh, cuán engañoso, hermoso humano que con testa de oro
el sol piadoso coronado ha tu frente!
¡Cuán soberbia tu masa corporal, diferente sobre la tierra
madre,
que cual perla te brinda!
Mas mira, mira hoy, ahora mismo, el sol declina
tristemente en los montes.
Míralo rematar ya de pálidas luces,
de tristes besos cenizosos de ocaso
tu frente oscura. Mira tu cuerpo extinto cómo acaba en la
noche.
Regresa tú, mortal, humilde, pura arcilla apagada
a tu certera patria que tu pie sometía.
He aquí la inmensa madre que de ti no es distinta.
Y, barro tú en el barro, totalmente perdura.

VICENTE ALEIXANDRE

sábado 31 de octubre de 2009

SOLEDAD de RAFAEL ALBERTI leído por MANUEL MENASSA y JAIME KOZAK durante la NOCHE EN BLANCO en MADRID-sept09

lunes 12 de octubre de 2009

ROMANCE DE LA PENA NEGRA. FEDERICO GARCÍA LORCA leído por MIGUEL OSCAR MENASSA



Romance de la Pena Negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!


Federico García Lorca

lunes 5 de octubre de 2009

LA SOLEDAD

Escena I

Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
La semana que viene.
Mientras, blanqueo la casa,
arreglo la cocina,
termino de pintar el techo de la alcoba.
Ahora
tengo una nueva cama,
dos sillas de nogal,
una cómoda, un buen palanganero,
una mesa que no se tambalea…
somos dos solamente… ¿Qué más puedo querer?
Afuera,
en mitad del jardín,
engordan los tomates…
Hay acelgas, lechugas,
rábanos, zanahorias…
Las patatas,
reventando en la tierra,
sólo están esperando su llegada.
Las ramas del durazno se doblan… El ciruelo
no puede aguantar más… Cuando los miro,
parece que me dicen: “No nos toques. Ya viene.”
Tengo un gallo cantor
y hasta siete gallinas ponedoras…
Todo está preparado.
Vendrá. Pienso que el martes…
si no, a lo más tardar,
la mañana del miércoles…
o quizás en la noche… Sí, mejor… ¡En la noche!

Escena II
Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
Ya pasó una semana.
Viene desde muy lejos…
De allá del norte… En tren…
Casi dos mil kilómetros…
Muy lejos… Malos trenes…
Y el calor… Y el polvo
que entra por todas partes…
La casa está ya lista: una paloma blanca
de cal pura… Lucientes,
más brillantes que el oro,
la sartén, el perol, la cacerola… Y luego,
la cama grande, grande… cubierta de una colcha
de colores, con pájaros…
Pero muchos kilómetros sin nadie… Eso me han
dicho…
Y el calor… Y el polvo…
Tendrá sed… Aquí, el agua
no falta casi nunca… Va a gustarle esto mucho…
Poco trabajo para ella… Yo
lo haré todo. Soy fuerte todavía…
¿Ella? Bueno. Veremos.
Es mi mujer… no quiero que se canse.
“Trae aquí esos tomates... Mira, aquéllos de allá,
tan colorados…” Nunca los ha visto.
Dirá que no… “¿Lechugas como éstas,
tan blancas? ¿Y los rábanos? ¡tampoco!
Vamos, mujer… Te esperan las gallinas…
¿Qué más quieres? El postre
ahí lo tienes colgado del ciruelo.
Extiende el delantal y sacude una rama…”
ya es muy tarde. Le tomo la cintura…
Se sonríe… ¡Qué hermosa!
Apagamos la luz…
Así. ¡Cuántos kilómetros!
Hoy es miércoles ya… Vendrá esta noche.

Escena III
¿Vendrá?
Puede que venga.
Lo dice en esta carta que aquí llevo.
Se está yendo el verano… Y llueve. Las patatas…
¡cuántas ya se han podrido!
Los tomates se hincharon de tal modo
que rodaron por tierra, derramándose.
La fruta se acabó. Nunca los pájaros
comieron más duraznos y ciruelas.
Las acelgas… ¡Qué viejas y amarillas
están ya! ¡Qué buen tonto
sería si plantara de nuevo más lechugas!
Las gallinas cloquean por los muertos sembrados.
La lluvia ha enverdecido el banco de la casa.
La cocina está negra de hollín… Miro las sillas…
Una está sin usar… la otra ya tiene
partido un palo… El suelo
cruje sucio de tierra.
En un rincón, la escoba se aburre. Hace ya un mes
que no lavo las sábanas… Tan sólo,
enganchada de un clavo del muro de la alcoba,
sigue la nueva colcha de los pájaros.
Llega el otoño ya.
Mi mujer no ha venido. Yo no la conocía…
No la conocí nunca.
Era joven. Lo sé.
Unos veintidós años…
Aquí tengo su carta…
Yo he cumplido sesenta…
El polvo… El calor… Tal vez tantos kilómetros…
¡Vaya usted a saber!

RAFAEL ALBERTI

martes 15 de septiembre de 2009

INVITACIÓN A LA NOCHE EN BLANCO


LA NOVEDAD DE LA NOCHE EN BLANCO:
POESÍA Y PSICOANÁLISIS


GRUPO CERO participará en la cuarta edición de La noche en blanco con un maratón de poesía y psicoanálisis.


35 poetas leerán poemas de grandes poetas como Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, César Vallejo, Carilda Oliver Labra, Olga Orozco, Luis Aragon, Vicente Aleixandre, entre otros, la jornada estará amenizada con el acompañamiento musical de Indios Grises y Kepa Ríos y con la participación especial de la guitarra de Guido Briscioli.

Habrá poesía, música, cine con cortos de sesiones psicoanalíticas…

Se regalará un libro a todo aquel que lo solicite de alguno de los poetas que participan en el recital.

Desde las 10 de la noche a las 5 de la mañana en la sede de Grupo Cero, calle Duque de Osuna, 4. (Metro Plaza de España)

sábado 5 de septiembre de 2009

HE NACIDO AGUJEREADO

Sopla un viento tremendo,

No es sino un pequeño agujero en mi pecho,

pero sopla en él un viento tremendo.

Pueblecito de Quito, tú no eres para mí.

Yo necesito odio, y envidia; ésta es mi salud.

Es una gran ciudad la que necesito.

Un gran consumo de envidia.

No es sino un pequeño agujero en mi pecho,

pero sopla en él un viento tremendo,

En el agujero hay odio (siempre), espanto también e impotencia.

Hay impotencia y el viento está cargado de ella;

fuerte como los torbellinos,

rompería una aguja de acero,

y no es más que un viento sin embargo, un vacío.

¡Caiga la maldición sobre toda la tierra, sobre toda la civilización,

sobre todos los seres en la superficie de todos los planetas, a causa de este vacío!

Un señor crítico ha dicho que yo no alimentaba odio.

Este vacío, he ahí mi respuesta.

¡Qué mal se está, ay, en mi pellejo!

Siento la necesidad de llorar sobre el pan de lujo de la dominación y del amor,

sobre el pan de gloria que está afuera.

Siento la necesidad de mirar por el cuadro de la ventana,

que está vacío como yo, que no se alimenta de nada,

Dije llorar; no, es un barreno a frío, que barrena,

barrena incansablemente,

como sobre una viga de haya en la que 200 generaciones de gusanos se hubiesen

legado esta herencia; "barrena, barrena..."

Esto ocurre a la izquierda, no digo que sea el corazón,

Digo agujero, y no digo más, es rabia y contra ella no puedo,

Tengo siete u ocho sentidos. Uno de ellos: el sentido de lo que falta.

Lo toco y lo palpo como se palpa una madera,

una madera que sería más bien una gran selva de esas que ya no se ven en Europa

desde hace mucho.

Y esto es mi vida, mi vida en medio del vacío.

Si este vacío desaparece, yo me busco, enloquezco y eso es todavía peor.

Yo me he construido sobre una columna ausente.

¿Qué habría dicho el Cristo si hubiese estado hecho de este modo?

Hay algunas de estas enfermedades que, si se las cura, no le dejan nada al hombre.

Muere pronto, era demasiado tarde.

¿Puede acaso una mujer contentarse solamente con odio?

Si es así, amadme, amadme mucho y no dejéis de decírmelo,

y que alguna de vosotras me escriba.

¿Pero qué significa este ínfimo ser?

Casi no lo había advertido,

Ni dos nalgas ni un gran corazón pueden llenar mi vacío,

Ni ojos llenos de Inglaterra y de ensueños, como suele decirse.

Ni una voz cantante que dijese completivo y calor.

Los estremecimientos encuentran en mí un frío siempre alerta.

Mi vacío es un gran glotón, gran moledor, gran aniquilador.

Mi vacío es algodón y silencio,

Silencio que todo lo detiene.

Un silencio de estrellas,

Y aunque ese agujero es profundo carece totalmente de forma.

Las palabras no lo encuentran,

chapotean a su alrededor,

Siempre he admirado a esos que por creerse revolucionarios se consideraban hermanos.

Hablaban los unos de los otros con emoción; chorreaban como sopa.

Eso no es odio, amigos míos, eso es gelatina.

El odio es siempre duro,

hiere a los demás,

pero también desgarra al hombre en su interior,

continuamente.

Es el reverso del odio,

Y no hay nada que hacer. No hay nada que hacer.


HENRI MICHAUX

martes 25 de agosto de 2009

SOY LAILA, UNA CANCIÓN, VENGO DE PALESTINA

Después de tanto amor te dije:
Me despido, vuelvo en un mes,
me voy a Palestina

Quería que me amaras de una manera noble

A veces me gustaba no estar
para que me supongas e imagines mis pasos
Resonando en ciudades
Calles por las que me perdía hasta dar con un parque
Portales invernales donde
Las catedrales comenzaban a alzarse,
Piedras de siglo angosto metiéndome en un bar
Con olor a frituras, a paté y vino tinto
Yo quería volver parecida a una estrella
para que vos me amaras
que estuviese conmigo cubriéndome los hombros
ahuecando tu mano para apretarme el cuerpo
metiéndome en tu historia,
la vida de tus días esperando las noches.

Pensaba que la ausencia era una tierra firme

Pero no fue posible
Espesó la negrura

No pude ver tus manos
tensándome las fibras
y saltaron las cuerdas por el aire
quedando rota en un final quebrado

Yo volvía contenta
traía la nostalgia
Había ido tan lejos
volvía tan extraña
que pensaba inventarte el amor nuevamente.


Soy Laila, una canción
vengo de Palestina…
Pero esta vez no te pude entender
tuve que fusilarte.

Norma Menassa