
jueves 17 de diciembre de 2009
martes 17 de noviembre de 2009
ELOGIOS -V-
Las aguas tranquilas son como leche
y todo lo que se extiende entre las blandas soledades
de la mañana.
El puente lavado, antes del amanecer, por un agua en
sueños semejante a la mezcla del alba, forma una hermosa
relación con el cielo. Y la infancia adorable del día, por el
eemparrado de las tiendas rodadas, desciende hasta mi
canción.
Infancia, mi amor, ¿no era más que eso?
Infancia, mi amor... el doble anillo del ojo y la
felicidad de amar...
Hace un tiempo tan sereno y tan tibio,
un tiempo tan continuo
que parece extraño estar allí, con las manos atadas a la
facilidad del día...
In fancia, mi amor, no hay más que ceder... Pero,
¿lo he dicho ya?, no quiero remover más
esas sábanas, allí, en lo incurable, entre las verdes
soledades de la mañana... Pero, ¿lo he dicho ya?, sólo hay
que servir
como de vieja cuerda... Y este corazón, este corazón,
¡allí!, arrastrándose sobre los puentes más humildes y más
salvajes y más, que un viejo estropajo,
extenuado...
SAINT-JOHN PERSE
y todo lo que se extiende entre las blandas soledades
de la mañana.
El puente lavado, antes del amanecer, por un agua en
sueños semejante a la mezcla del alba, forma una hermosa
relación con el cielo. Y la infancia adorable del día, por el
eemparrado de las tiendas rodadas, desciende hasta mi
canción.
Infancia, mi amor, ¿no era más que eso?
Infancia, mi amor... el doble anillo del ojo y la
felicidad de amar...
Hace un tiempo tan sereno y tan tibio,
un tiempo tan continuo
que parece extraño estar allí, con las manos atadas a la
facilidad del día...
In fancia, mi amor, no hay más que ceder... Pero,
¿lo he dicho ya?, no quiero remover más
esas sábanas, allí, en lo incurable, entre las verdes
soledades de la mañana... Pero, ¿lo he dicho ya?, sólo hay
que servir
como de vieja cuerda... Y este corazón, este corazón,
¡allí!, arrastrándose sobre los puentes más humildes y más
salvajes y más, que un viejo estropajo,
extenuado...
SAINT-JOHN PERSE
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jueves 5 de noviembre de 2009
AL HOMBRE de VICENTE ALEIXANDRE
AL HOMBRE
¿Por qué protestas, hijo de la luz,
humano que transitorio en la tierra,
redimes por un instante tu materia sin vida?
¿De dónde vienes, mortal, que del barro has llegado
para un momento brillar y regresar después a tu apagada
patria?
Si un soplo, arcilla finita, erige tu vacilante forma y
calidad de dios tomas en préstamo,
no, no desafíes cara a cara a ese sol poderoso que fulge
y compasivo te presta cabellera de fuego.
Por un soplo celeste redimido un instante,
alzas tu incandescencia temporal a los seres.
Hete aquí luminoso, juvenil, perennal a los aires.
Tu planta pisa el barro de que ya eres distinto.
¡Oh, cuán engañoso, hermoso humano que con testa de oro
el sol piadoso coronado ha tu frente!
¡Cuán soberbia tu masa corporal, diferente sobre la tierra
madre,
que cual perla te brinda!
Mas mira, mira hoy, ahora mismo, el sol declina
tristemente en los montes.
Míralo rematar ya de pálidas luces,
de tristes besos cenizosos de ocaso
tu frente oscura. Mira tu cuerpo extinto cómo acaba en la
noche.
Regresa tú, mortal, humilde, pura arcilla apagada
a tu certera patria que tu pie sometía.
He aquí la inmensa madre que de ti no es distinta.
Y, barro tú en el barro, totalmente perdura.
VICENTE ALEIXANDRE
¿Por qué protestas, hijo de la luz,
humano que transitorio en la tierra,
redimes por un instante tu materia sin vida?
¿De dónde vienes, mortal, que del barro has llegado
para un momento brillar y regresar después a tu apagada
patria?
Si un soplo, arcilla finita, erige tu vacilante forma y
calidad de dios tomas en préstamo,
no, no desafíes cara a cara a ese sol poderoso que fulge
y compasivo te presta cabellera de fuego.
Por un soplo celeste redimido un instante,
alzas tu incandescencia temporal a los seres.
Hete aquí luminoso, juvenil, perennal a los aires.
Tu planta pisa el barro de que ya eres distinto.
¡Oh, cuán engañoso, hermoso humano que con testa de oro
el sol piadoso coronado ha tu frente!
¡Cuán soberbia tu masa corporal, diferente sobre la tierra
madre,
que cual perla te brinda!
Mas mira, mira hoy, ahora mismo, el sol declina
tristemente en los montes.
Míralo rematar ya de pálidas luces,
de tristes besos cenizosos de ocaso
tu frente oscura. Mira tu cuerpo extinto cómo acaba en la
noche.
Regresa tú, mortal, humilde, pura arcilla apagada
a tu certera patria que tu pie sometía.
He aquí la inmensa madre que de ti no es distinta.
Y, barro tú en el barro, totalmente perdura.
VICENTE ALEIXANDRE
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sábado 31 de octubre de 2009
SOLEDAD de RAFAEL ALBERTI leído por MANUEL MENASSA y JAIME KOZAK durante la NOCHE EN BLANCO en MADRID-sept09
lunes 12 de octubre de 2009
ROMANCE DE LA PENA NEGRA. FEDERICO GARCÍA LORCA leído por MIGUEL OSCAR MENASSA
Romance de la Pena Negra
Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.
Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!
Federico García Lorca
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lunes 5 de octubre de 2009
LA SOLEDAD
Escena I
Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
La semana que viene.
Mientras, blanqueo la casa,
arreglo la cocina,
termino de pintar el techo de la alcoba.
Ahora
tengo una nueva cama,
dos sillas de nogal,
una cómoda, un buen palanganero,
una mesa que no se tambalea…
somos dos solamente… ¿Qué más puedo querer?
Afuera,
en mitad del jardín,
engordan los tomates…
Hay acelgas, lechugas,
rábanos, zanahorias…
Las patatas,
reventando en la tierra,
sólo están esperando su llegada.
Las ramas del durazno se doblan… El ciruelo
no puede aguantar más… Cuando los miro,
parece que me dicen: “No nos toques. Ya viene.”
Tengo un gallo cantor
y hasta siete gallinas ponedoras…
Todo está preparado.
Vendrá. Pienso que el martes…
si no, a lo más tardar,
la mañana del miércoles…
o quizás en la noche… Sí, mejor… ¡En la noche!
Escena II
Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
Ya pasó una semana.
Viene desde muy lejos…
De allá del norte… En tren…
Casi dos mil kilómetros…
Muy lejos… Malos trenes…
Y el calor… Y el polvo
que entra por todas partes…
La casa está ya lista: una paloma blanca
de cal pura… Lucientes,
más brillantes que el oro,
la sartén, el perol, la cacerola… Y luego,
la cama grande, grande… cubierta de una colcha
de colores, con pájaros…
Pero muchos kilómetros sin nadie… Eso me han
dicho…
Y el calor… Y el polvo…
Tendrá sed… Aquí, el agua
no falta casi nunca… Va a gustarle esto mucho…
Poco trabajo para ella… Yo
lo haré todo. Soy fuerte todavía…
¿Ella? Bueno. Veremos.
Es mi mujer… no quiero que se canse.
“Trae aquí esos tomates... Mira, aquéllos de allá,
tan colorados…” Nunca los ha visto.
Dirá que no… “¿Lechugas como éstas,
tan blancas? ¿Y los rábanos? ¡tampoco!
Vamos, mujer… Te esperan las gallinas…
¿Qué más quieres? El postre
ahí lo tienes colgado del ciruelo.
Extiende el delantal y sacude una rama…”
ya es muy tarde. Le tomo la cintura…
Se sonríe… ¡Qué hermosa!
Apagamos la luz…
Así. ¡Cuántos kilómetros!
Hoy es miércoles ya… Vendrá esta noche.
Escena III
¿Vendrá?
Puede que venga.
Lo dice en esta carta que aquí llevo.
Se está yendo el verano… Y llueve. Las patatas…
¡cuántas ya se han podrido!
Los tomates se hincharon de tal modo
que rodaron por tierra, derramándose.
La fruta se acabó. Nunca los pájaros
comieron más duraznos y ciruelas.
Las acelgas… ¡Qué viejas y amarillas
están ya! ¡Qué buen tonto
sería si plantara de nuevo más lechugas!
Las gallinas cloquean por los muertos sembrados.
La lluvia ha enverdecido el banco de la casa.
La cocina está negra de hollín… Miro las sillas…
Una está sin usar… la otra ya tiene
partido un palo… El suelo
cruje sucio de tierra.
En un rincón, la escoba se aburre. Hace ya un mes
que no lavo las sábanas… Tan sólo,
enganchada de un clavo del muro de la alcoba,
sigue la nueva colcha de los pájaros.
Llega el otoño ya.
Mi mujer no ha venido. Yo no la conocía…
No la conocí nunca.
Era joven. Lo sé.
Unos veintidós años…
Aquí tengo su carta…
Yo he cumplido sesenta…
El polvo… El calor… Tal vez tantos kilómetros…
¡Vaya usted a saber!
RAFAEL ALBERTI
Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
La semana que viene.
Mientras, blanqueo la casa,
arreglo la cocina,
termino de pintar el techo de la alcoba.
Ahora
tengo una nueva cama,
dos sillas de nogal,
una cómoda, un buen palanganero,
una mesa que no se tambalea…
somos dos solamente… ¿Qué más puedo querer?
Afuera,
en mitad del jardín,
engordan los tomates…
Hay acelgas, lechugas,
rábanos, zanahorias…
Las patatas,
reventando en la tierra,
sólo están esperando su llegada.
Las ramas del durazno se doblan… El ciruelo
no puede aguantar más… Cuando los miro,
parece que me dicen: “No nos toques. Ya viene.”
Tengo un gallo cantor
y hasta siete gallinas ponedoras…
Todo está preparado.
Vendrá. Pienso que el martes…
si no, a lo más tardar,
la mañana del miércoles…
o quizás en la noche… Sí, mejor… ¡En la noche!
Escena II
Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
Ya pasó una semana.
Viene desde muy lejos…
De allá del norte… En tren…
Casi dos mil kilómetros…
Muy lejos… Malos trenes…
Y el calor… Y el polvo
que entra por todas partes…
La casa está ya lista: una paloma blanca
de cal pura… Lucientes,
más brillantes que el oro,
la sartén, el perol, la cacerola… Y luego,
la cama grande, grande… cubierta de una colcha
de colores, con pájaros…
Pero muchos kilómetros sin nadie… Eso me han
dicho…
Y el calor… Y el polvo…
Tendrá sed… Aquí, el agua
no falta casi nunca… Va a gustarle esto mucho…
Poco trabajo para ella… Yo
lo haré todo. Soy fuerte todavía…
¿Ella? Bueno. Veremos.
Es mi mujer… no quiero que se canse.
“Trae aquí esos tomates... Mira, aquéllos de allá,
tan colorados…” Nunca los ha visto.
Dirá que no… “¿Lechugas como éstas,
tan blancas? ¿Y los rábanos? ¡tampoco!
Vamos, mujer… Te esperan las gallinas…
¿Qué más quieres? El postre
ahí lo tienes colgado del ciruelo.
Extiende el delantal y sacude una rama…”
ya es muy tarde. Le tomo la cintura…
Se sonríe… ¡Qué hermosa!
Apagamos la luz…
Así. ¡Cuántos kilómetros!
Hoy es miércoles ya… Vendrá esta noche.
Escena III
¿Vendrá?
Puede que venga.
Lo dice en esta carta que aquí llevo.
Se está yendo el verano… Y llueve. Las patatas…
¡cuántas ya se han podrido!
Los tomates se hincharon de tal modo
que rodaron por tierra, derramándose.
La fruta se acabó. Nunca los pájaros
comieron más duraznos y ciruelas.
Las acelgas… ¡Qué viejas y amarillas
están ya! ¡Qué buen tonto
sería si plantara de nuevo más lechugas!
Las gallinas cloquean por los muertos sembrados.
La lluvia ha enverdecido el banco de la casa.
La cocina está negra de hollín… Miro las sillas…
Una está sin usar… la otra ya tiene
partido un palo… El suelo
cruje sucio de tierra.
En un rincón, la escoba se aburre. Hace ya un mes
que no lavo las sábanas… Tan sólo,
enganchada de un clavo del muro de la alcoba,
sigue la nueva colcha de los pájaros.
Llega el otoño ya.
Mi mujer no ha venido. Yo no la conocía…
No la conocí nunca.
Era joven. Lo sé.
Unos veintidós años…
Aquí tengo su carta…
Yo he cumplido sesenta…
El polvo… El calor… Tal vez tantos kilómetros…
¡Vaya usted a saber!
RAFAEL ALBERTI
martes 15 de septiembre de 2009
INVITACIÓN A LA NOCHE EN BLANCO

LA NOVEDAD DE LA NOCHE EN BLANCO:
POESÍA Y PSICOANÁLISIS
GRUPO CERO participará en la cuarta edición de La noche en blanco con un maratón de poesía y psicoanálisis.
35 poetas leerán poemas de grandes poetas como Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, César Vallejo, Carilda Oliver Labra, Olga Orozco, Luis Aragon, Vicente Aleixandre, entre otros, la jornada estará amenizada con el acompañamiento musical de Indios Grises y Kepa Ríos y con la participación especial de la guitarra de Guido Briscioli.
Habrá poesía, música, cine con cortos de sesiones psicoanalíticas…
Se regalará un libro a todo aquel que lo solicite de alguno de los poetas que participan en el recital.
Desde las 10 de la noche a las 5 de la mañana en la sede de Grupo Cero, calle Duque de Osuna, 4. (Metro Plaza de España)
POESÍA Y PSICOANÁLISIS
GRUPO CERO participará en la cuarta edición de La noche en blanco con un maratón de poesía y psicoanálisis.
35 poetas leerán poemas de grandes poetas como Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, César Vallejo, Carilda Oliver Labra, Olga Orozco, Luis Aragon, Vicente Aleixandre, entre otros, la jornada estará amenizada con el acompañamiento musical de Indios Grises y Kepa Ríos y con la participación especial de la guitarra de Guido Briscioli.
Habrá poesía, música, cine con cortos de sesiones psicoanalíticas…
Se regalará un libro a todo aquel que lo solicite de alguno de los poetas que participan en el recital.
Desde las 10 de la noche a las 5 de la mañana en la sede de Grupo Cero, calle Duque de Osuna, 4. (Metro Plaza de España)
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